Decirle SI a la Paz

paz

Hace un poco más de 15 días explotaron de forma controlada tres artefactos explosivos (petardos creería yo) a menos de 500 metros de mi casa, una zona residencial de estilo bohemio en la que nunca pasa nada.

Esa mañana después de escuchar las dos primeras detonaciones que fueron más suaves, seguí con mi rutina mañanera previa al trabajo. Mi tía que vivía en el mismo lugar que yo, llamó al teléfono fijo y cuando conteste me reprochó enojada no haber contestado las cinco llamadas perdidas en mi celular. Pensé entre mi que estaba siendo exagerada aún más cuando ella fue la que le preguntó a la policía misma esa mañana que era lo que pasaba. Después entendí su reacción.

Entre 1988 y 1993 la Colombia urbana vivió una de sus épocas más difíciles debido a que Pablo Escobar bombardeó sin cesar las principales ciudades del país; Bogotá, por ejemplo,  fue blanco de 12 bombas durante su reinado de terror, mi mamá y mis tíos vivieron cerca de un cajero al que le pusieron una bomba y aún se acuerdan a la perfección el sonido de la explosión, cómo temblaron las ventanas y la desesperación, en una época sin celulares, de no saber donde estaban los otros, no en vano mi mamá y mi tía se aterrorizan ante la palabra bomba, explosión o petardo y se cambian de acera cada vez que ven un paquete negro en el andén,  actitudes pequeñas que les quedan como recuerdo de esa época tan oscura para el país.

Incluso yo que no viví hechos tan traumáticos, pero que crecí escuchando sin piedad cómo a diario los noticieros informaban sobre cifras de guerrilleros o militares muertos en combate, carros bomba, pescas milagrosas y demás, cada vez que escucho que detonaron un artefacto explosivo mi cerebro, de forma automática, piensa cuál de los muchos grupos la puso y cuantos muertos habrá dejado. La semana pasada por la radio anunciaron que habían puesto un petardo en las instalaciones de una EPS, que ningún grupo armado la reclamó, pero de inmediato una voz en mi cabeza se despertó preocupada de que quizá ese periodo tan explosivo se repitiera.

Hace unos años me visitaron  unos amigos extranjeros quienes se sorprendían por el contenido tan violento de nuestros noticieros, mientras que para ellos eran increíbles los números de heridos y muertos que dejaban los combates, para mi era otra de las cosas que pasaban a diario en mi país. Para mi eso era ‘normal’.

Sin embargo, lo que yo y muchos colombianos considerábamos como normal no está más lejos de serlo, hoy en día me sorprendo de la forma cómo hemos naturalizado el conflicto armado y los diferentes hechos violentos que se dieron en él y me aterroriza darme cuenta lo insensibles que nos hemos vuelto frente al dolor ajeno, ya no es sorpresa escuchar sobre masacres y desapariciones, ya no se nos pone la piel de gallina facilmente cuando leemos las historias que ha dejado atrás la guerra y se ha deshumanizado tanto al otro que difícilmente se ve ex combatiente de algún grupo armado ilegal como algo más que un ser vivo, de ahí que algunos se alegren cuando escuchaban que habían matado a X número de guerrilleros.

Es por esto que pienso votar SI este 2 de octubre, porque no quiero que como yo, mi hermano pequeño o las futuras generaciones piensen en todas las posibles cosas malas que puede desencadenar una bomba, porque quiero que las futuras generaciones sean capaces de verse unas a otras como seres humanos y no como enemigos o animales que tienen que ser exterminados, porque no quiero que este temor que me lo transmitieron a mi ellos también lo tengan y sobretodo porque quiero que sena capaces de sentir el dolor ajeno así el otro este a kilómetros de distancia, porque quiero que ellos tengan las oportunidades de maravillarse y aterrorizarse que quizá yo no tuve.

Reconozco que de ganar el SI, Colombia no va a hacer PUFF y de repente tendremos paz, porque el camino que nos espera si es largo y requiere trabajo y esfuerzo de todos los colombianos, ya que por acción u omisión, todos hemos sido responsables de construir esta historia colectiva; pero si creo que como país y como ciudadanos que podemos votar tenemos el deber de tomar esta oportunidad y abrazarla por completo, no sea que en unos años nos arrepintamos porque tuvimos la oportunidad de cambiar el país, pero no fuimos lo suficientemente valientes para hacerlo.

 

¿Es el labial rojo una invitación?

Diariamente camino de mi casa al trabajo, un trayecto de aproximadamente 30 minutos, tengo una ruta definida y el barrio es lo que en estándares de muchos se considera normal. Ayer mientras iba hacia la oficina desde un carro un hombre, de 40 años o más, me gritó “Uy mami quisiera cogerme esa boquita” y aceleró el carro antes de que yo, pasmada por la vulgaridad y violencia de su ‘piropo’ alcanzara a reaccionar.

Inconscientemente me puse a pensar que había hecho yo para ‘ganarme’ el piropo, era consciente que de ninguna manera lo había incitado, pero aun así quería saber por qué. Así que me puse a revisar mi atuendo, iba en su mayoría de negro, no llevaba escote ni minifalda, prendas con las que erróneamente muchos, en esta sociedad machista y patriarcal, creen que las mujeres ‘incitamos’ este y otro tipo de comportamientos, por lo que pensé en el piropo y caí en cuenta de que ese día estaba usando un labial color vino y quedé desconcertada. ¿Enserio me había dicho eso tan vulgar por el color de mi labial?

Me pareció absurda y desconcertante la situación pero no lo dejé ir, recapitulé días previos para ver si lo que acaba de descubrir se aplicaba para todas las veces que en los últimos meses me habían dicho algo vulgar. Con horror descubrí que era verdad, cada vez que alguien me soltaba un ‘piropo’ de esos era porque estaba usando un labial de un tono fuerte y que la mayoría esos comentarios provenían de hombres cuarentones o viejos verdes y no de aquellos, que han sido estereotipados como lanza piropos, como los obreros, es más en mi caso han sido los que están construyendo un edificio por donde camino, a los que les ha valido madres si paso frente a ellos usando labial rojo.

Es ilógico que ahora el color de nuestros labios nos haga objetivos de este tipo de comentarios burdos que violentan a la mujer de muchas maneras, es absurdo que ahora tengamos que pensar que si queremos evitar este tipo de cosas no podemos usar labial rojo, ¿hasta allá ha llegado el machismo? OJO no digo que lo debamos hacer, yo no lo he hecho ni lo pienso hacer. Sin embargo me pregunto porqué lo hacen, acaso se sienten más machos sabiendo que causan incomodidad en la mujer o enserio esperan que alguna de nosotras responda con una sonrisa y los brazos abiertos, muchas de nosotras o hemos empezado a responderles o nos hemos hecho maestras en ignorarlos, aún así para mi, esta nueva fuente de provocación de piropos, significa para muchas guardar en lo más profundo de sus cajones los labiales fuertes para no tener que aguantar uno o mas momentos de incomodidad en la calle, significa una menor libertad y gobernabilidad sobre nuestros cuerpos, cada vez somos juzgadas más y nuestras opciones sobre como nos queremos ver o vestir se ven reducidas por este tipo de comportamientos que no hacen mas que promover la sumisión si se quiere ‘vivir tranquilas’ manteniendo ese machismo asfixiante que a todas nos tiene cansadas. Me horroriza pensar que hay mujeres que si lo están haciendo para evitarse esa sensación que te desnudan con la mirada.

Mucho se ha hablado sobre como combatir esto, algunos les dicen se pongan en nuestro lugar, pero francamente me parece imposible, son contadas las veces que una mujer dice comentarios burdos; otros han dicho que piensen en que son sus madres, hijas, hermanas y demás miembros de sus familias y otros como yo exigimos respeto porque somos seres humanos y lo merecemos. Pero en vista de que eso poco les importa les sugiero que piensen como se sentirían sus madres al escuchar que un desconocido, después de morbosearla con la mirada les diga “quisiera abrir esas piernas para ver los tesoros”. 

Unas amigas en la universidad hicieron un proyecto para estas situaciones, en Ellas También Piropean quisieron voltear todo el tema de la objetivación de la mujer, intentaron objetivar hombres para que se pusieran en nuestros zapatos y por un momento entendieran como nos sentíamos, así que recolectaron los piropos más vulgares para hombres que encontraron y los imprimieron en tarjetas que las repartimos por toda la universidad, los hombres a los que se las dimos se sonrojaron o se incomodaron tanto que se alejaron sin saber que hacer. Hoy el proyecto evolucionó y se convirtió en su tesis de grado con el nombre de Ahórrate el Piropo, les dejo la página en Facebook por si lo quieren revisar.  https://www.facebook.com/AhorrateElPiropo/?fref=ts

Después de mucho pensar decidí escribir esto para que pensáramos que diablos nos pasa como sociedad para llegar a este punto y segundo porque tenemos toda la libertad para ir por la calle usando el labial del color que queramos sin miedo a las palabras de los otros, porque así como ellos, nosotras también nos merecemos caminar tranquilas.

Mujeres tengan la respuesta preparada: “¡OIGA RESPETE!” por si algún día mientras van por la calle con su labial rojo les sueltan un piropo de esos.

Quien quita que con el tiempo nos empiecen a respetar enserio.